martes, 12 de octubre de 2010


Hace unos meses me fui de vacaciones a Bogotá a visitar a mi novia. Todo ese tiempo estuvimos paseando y conociendo la ciudad y sus alrededores, ya que ella apenas había llegado a la ciudad. Uno de los planes que teníamos en mente era ir a Rock al Parque, un festival internacional de música que se realiza cada año y al cual asisten personas de todo el mundo.
Un día, el más movido de todo el festival, salimos del apartamento a almorzar pues la jornada era larga y teníamos que comer bien y barato, así que fuimos a un McDonald’s que quedaba por ahí. Luego de comer nos dirigimos a la estación de TransMilenio más cercana para que nos llevara a otra, cerca al Parque Simón Bolívar, que queda al lado de Salitre Mágico, un parque de diversiones muy reconocido de la ciudad, y del IRD (Instituto de Recreación y Deporte); pasamos por estos sitios, prácticamente corriendo, pues ya se acercaba la hora del concierto que estábamos esperando.
Eran casi las 6:00 PM cuando llegamos a la entrada del parque; allí nos encontramos a una multitud de gente queriendo entrar al igual que nosotros, apretándose y empujándose porque ya iba a empezar el concierto de Molotov, y los agentes de la Policía Nacional, que estaba custodiando la entrada de personas, estaban requisando a todo el mundo en busca de armas, licor o drogas.
Cerca de una hora duró el concierto de Molotov y luego no sabíamos qué hacer: si ir al escenario donde estaban presentándose Los Cafres o donde se estaba presentando Kinky; los dos eventos eran a la misma hora pero en lugares distantes. Decidimos entonces ir a la presentación de Los Cafres, pero apenas nos estábamos acercando una nube inmensa de marihuana empezó a aparecer en el ambiente, que se ponía cada vez más denso, así que nos fuimos para Kinky. Allí nos quedamos el resto de la noche hasta que se acabó, a eso de las 9:30 PM.
Casi que no logramos salir del parque, pues había cerca de 25.000 personas en las mismas que nosotros, así que optamos por caminar lo más que pudiéramos hasta encontrar un taxi vacío. Caminamos un buen rato hasta que llegamos a Cafam de la Floresta, que queda bastante lejos del parque. Ahí por pudimos montarnos en un taxi que nos llevó a comer a Carulla de Cedritos, cerca a la casa de Juan Pablo, un amigo del colegio, donde estuvimos tomando y pasando el resto de la noche, para después volver al apartamento.